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Las últimas cifras nacionales en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación son preocupantes. Para conocer cómo se encuentran las instituciones de Educación Superior en esta área, Universa elaboró este Informe Especial que recoge la actividad de Investigación de las cinco universidades uruguayas: quiénes investigan, cómo investigan, qué investigan y con qué recursos. En un momento en el que aparece la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, organismo que apunta al fortalecimiento de las capacidades nacionales en esta materia
La Universidad como institución educativa se desarrolla a partir de tres fines específicos: Enseñanza, Investigación y Extensión. Por lo tanto, constituye casi una contradicción esencial concebir instituciones de Educación Superior que no sean “universidades de investigación”.
En Uruguay, la producción científica en el ámbito académico es desarrollada mayoritariamente por la Universidad de la República. La universidad estatal concentra más del 80% de los investigadores del país. En este aspecto, Uruguay comparte un rasgo con la región: el escaso compromiso del sector productivo en materia de investigación y desarrollo, lo cual ha llevado a que las universidades públicas o institutos de investigación públicos adquieran un rol protagónico como organizaciones dedicadas al avance de la ciencia.
En el caso de las universidades privadas, fue recién en 1984 que se creó la Universidad Católica, convirtiéndose así en la primera universidad del país fuera del ámbito público. Esta ruptura del monopolio estatal dio paso a la aparición de otras instituciones privadas: Universidad ORT, Universidad de Montevideo y Universidad de la Empresa., las cuales han ido creciendo, básicamente, concentradas en los programas de grado. Asimismo, han ido desarrollando algunas líneas de investigación, aunque aún de manera incipiente.
Básico-aplicado
Generalmente, la sociedad le cuestiona a las universidades que sus agendas de investigación estén poco orientadas a la resolución de problemas, es decir, al desarrollo de proyectos tecnológicos susceptibles de aplicación rápida y directa. Sin embargo, si bien es importante que las instituciones de Educación Superior no pierdan de vista este aspecto, la investigación básica constituye un factor fundamental en la formación de los universitarios y en el entrenamiento de los nuevos científicos.
Para Judith Sutz, coordinadora de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC), es una falacia que se produce al hacerse “una especie de taxonomía excluyente, como si estuvieran poco menos en galaxias distintas. Los problemas más difíciles, importantes y complejos no vienen separados en básico y aplicado. Los problemas son problemas. Un país que quiera realmente basarse en el conocimiento tiene que tener un espacio para dejar que florezcan nuevas flores, porque nunca se sabe”.
La Universidad de la República es la única institución académica que promueve la investigación científica y tecnológica en todas sus facultades, escuelas e institutos. En 2001, la UdelaR detectó 360 grupos en las más diversas áreas de conocimiento (Agraria, Básica, Salud, Social y Artística, y Tecnológica). Actualmente, la UdelaR cuenta con 540 docentes en Régimen de Dedicación Total, dentro del cual el 45,2% pertenece al área de las Ciencias Básicas.
En el caso de las universidades privadas los esfuerzos están concentrados principalmente en las áreas tecnológicas y en responder a las necesidades del sector productivo. “Los investigadores eligen los temas y trabajan en ellos. Ahora…, cuando trabajás en temas relativamente aplicados, como trabajamos nosotros, en general, solo vas a poder trabajar en las cosas que en el medio se pueden hacer. Eso te limita o te enfoca la agenda. Tratamos de que no se hagan cosas desde la Torre de Marfil”, manifestó Ing. Julio Fernández, decano de Desarrollo Académico de la Universidad ORT.
+ doctores
Entre 1995 y 2003, el número de PhD cada 100.000 habitantes en Uruguay colapsó pasando de 1.7 a 0.6. En Estados Unidos el guarismo correspondiente es 10. A nivel de los programas de doctorado, la Universidad de la República concentra ampliamente el mayor número de estos. En total, la UdelaR desarrolla 17 programas en las áreas de las Ciencias, Ingeniería, Química, Ciencias Veterinarias, Arquitectura y Ciencias Sociales.
En el caso de las universidades privadas, la Universidad ORT y la Universidad Católica desarrollan programas de doctorado conjunto con universidades extranjeras. La Universidad de Montevideo cuenta con dos doctorados en trámite de reconocimiento por el Ministerio de Educación y Cultura, así como la Universidad de la Empresa tiene en proceso de reconocimiento su Programa de Formación Avanzada.
“El principal rol de la maestría y el doctorado es socializar y armar un investigador. Esto no se puede hacer de una manera Naif, ingenua y espontánea, sino en base a esa reglas que son compartidas por la comunidad académica”, señaló Enrique Martínez Larrechea, coordinador del Programa de Formación Avanzada de la Universidad de la Empresa.
Fuentes de financiación
Respecto a las fuentes de financiamiento este factor varía entre el sector público y el privado. En el caso de la Universidad de la República esta cuenta con un presupuesto propio que es administrado de manera concursable por cada una de las facultades y por la Comisión Sectorial de Investigación Científica. Entre 1994-2004, la CSIC recibió en el entorno de las 3000 propuestas en sus diversas convocatorias a presentar proyectos de I+D en todas las áreas de conocimiento, habiendo financiado el 34% de las presentaciones.
En el caso de las universidades privadas la mayoría de los recursos provienen de fondos externos, ya que los recursos internos que manejan provienen exclusivamente de la matrícula. “Una universidad que vive de un 80 ó 85% de su matrícula te exige que hagas inversiones, que mantengas la infraestructura y los beneficios. La matrícula no la podés dedicar en una parte importante a la financiación de la investigación, esos recursos tienen que salir de otros fondos”, indicó Dr. José Arocena, vicerrector Académico de la Universidad Católica.
Respecto a los fondos externos, tanto la universidad estatal como las universidades privadas participan activamente en las diversas convocatorias nacionales. Entre otras las del Fondo Nacional de Investigadores (FNI), Programa de Desarrollo Tecnológico (PDT) y el Fondo Clemente Estable, de las cuales el mayor porcentaje de financiamiento lo obtiene la Universidad de la República.
Asimismo, todas las universidades manejan a la hora de financiar proyectos de investigación acuerdos con universidades extranjeras, así como recursos de organismos internacionales: Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, PNUD, Fondos de la Unión Europea, National Institute of Health, Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), entre otros.
La ANII
El pasado 12 de setiembre, el gobierno presentó en sociedad la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). En el ámbito universitario la creación de la ANII ha generado expectativa, ya que la nueva institución tendrá a su cargo el diseño, la organización y ejecución de planes, programas e instrumentos orientados al desarrollo científico-tecnológico y al fortalecimiento de las capacidades de innovación del país.
Las universidades estarán representadas en este nuevo organismo a través del Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología (CONICYT). Actualmente, se esta redefiniendo la integración de este organismo. Según estableció la Ley 18.084, por el sector académico serán designados cuatro representantes por la Universidad de la República y dos por las universidades privadas.
“Las instituciones académicas conocen el “paño” de las micro decisiones cotidianas, pero las grandes decisiones deben ser estratégicas. Ahora, el lugar que tiene que tener la Academia es la participación activa en las políticas como actores directos y la participación conjunta con otros actores”, indicó Amilcar Davyt, director de Innovación, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (DICyT) del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y presidente de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación.
Cabe señalar, que en los últimos tiempos se han planteado intensos debates entre la Universidad de la República y el gobierno respecto a la integración de los nuevos organismos en materia de investigación. “En relación al rol de la academia en la definición de las políticas de Estado es una discusión que se da en todos los países. Porque los que están en la academia en la producción de conocimiento son los que saben de algunas cuestiones, pero claramente no son los que tienen que tomar las decisiones políticas”, enfatizó el presidente de la ANII.
Sin embargo, para Judith Sutz, el avance en materia de investigación “no es una cosa que se pueda demostrar como un logro dentro de ciertos períodos para poder pasar raya en un balance. Es una apuesta de muy largo plazo”, por lo cual, es necesario que el Estado tome decisiones informadas y que para ello acuda a los investigadores de las universidades, “porque ya sabemos que el cuerpo de investigadores dentro del Estado es mínimo”.
En el caso de las universidades privadas, estas han expresado públicamente su desaprobación respecto el hecho de que la Universidad de la República al tener más representatividad en los nuevos organismos de investigación, se convierte en “juez y parte” de la designación de recursos de estas instituciones. Asimismo, reclaman espacios de diálogo que hasta el momento no se les ha concedido.
Para Dr. Fernando Aguerre, secretario académico de la Universidad de Montevideo, es importante que, sin desconocer que la Universidad de la República es la institución que desarrolla más investigación en el país, las universidades privadas obtengan “igualdad de oportunidades frente a proyectos de investigación de igual calidad”.
En un siglo XXI marcado por la revolución tecnológica y la necesidad imperiosa de innovar para la solución de problemas, las universidades desempeñan un papel fundamental como centros de producción de conocimiento. Con un nuevo marco institucional que promete nuevas oportunidades, el desafío de las instituciones de Educación Superior radica en apostar al diálogo y al trabajo mancomunado para que sus capacidades y esfuerzos se constituyan en el motor de desarrollo del país.
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