Para muchos críticos literarios, el libro Sabotaje a la Verdad –más allá de alguna desorganización en la presentación del material- resulta una bibliografía obligatoria para poder entender un episodio de nuestro pasado reciente en momentos que se discute la incorporación de este período a los programas de historia.
El libro de la Lic. Florencia Melgar cuenta con materiales e investigaciones posteriores al trabajo final de carrera que se sumaron a la edición. Asimismo, algunas conceptualizaciones producto del marco teórico -que si bien no está presente en la publicación- se deslizan en el trabajo y ayudan al lector a comprender el contexto histórico y el entramado de intereses que acompañó y marcó este episodio.
“Un día estaba en clase y un docente planteó el tema de la comisión investigadora y cómo se filtró información a la prensa. En ese momento, el docente comentó cómo, a su criterio, había sucedido este hecho y cómo había sido el operativo desde la prensa. Pasaron unos meses, y otro docente planteó el mismo caso, pero con elementos bastante diferentes. Estas diferencias me hicieron ruido y fue lo que me llevó a investigar el caso”
En 1986, el periodista Daniel Herrera Lussich publicó en el diario El País las actas “secretas” de la comisión investigadora parlamentaria del caso Michelini- Gutiérrez Ruiz. En esas actas dos testigos se referían a un episodio en el que un militar había confesado su participación en el crimen. Para muchos, la infidencia de esos documentos frustró la investigación parlamentaria, ya que puso en duda las garantías de confidencialidad y eso intimidó a otros testigos a declarar en el caso.
Como toda investigación académica o periodística, la tarea de Melgar comenzó a partir de preguntas clave: ¿por qué se filtró la información?, ¿por qué se frustraron las investigaciones parlamentarias de los asesinatos de Michellini y Gutiérrez Ruiz? y ¿qué intereses había y por qué los asesinaron?
Para comenzar la investigación y poder acercarse a posibles respuestas a estas preguntas, Melgar buscó conocer a fondo quiénes habían sido aquellos legisladores y qué había motivado sus asesinatos. “Me comencé a meter en el pensamiento político de Zelmar que es el que más material tenía escrito. Justo, en ese momento, el Palacio Legislativo liberó documentos y colecciones de cosas y me traje un vagón de tratados internacionales y, entre ellos, tres tomos de la colección de Zelmar que me los devoré”. Según la periodista, de aquellos documentos le sorprendió la vigencia del pensamiento del legislador y su análisis del contexto geopolítico, “su 'peligrosidad' radicaba en las denuncias sobre la violación de derechos humanos que hacían a nivel internacional, denuncias que ambos realizaron antes del golpe y después de este”.
Universia (U)- ¿Cómo llegaste a las actas del parlamento?
Florencia Melgar (FM)- Hice una solicitud diciéndole que era para un trabajo académico y me dijeron que las actas parlamentarias tenían carácter reservado. Pasaron tres días y me llamó el que era secretario en ese momento y me dijo que tenía habilitadas las actas. Yo le pregunté ¿por qué?, y me dijo que había llamado alguien para que me permitiera acceder a ellas, obvio que le pregunté quién había sido y me dijo que no me lo podía decir, pero que tenía un "padrino".
U- Después de conseguir las actas, ¿qué fue lo más difícil de la investigación?
FM- Primero, el acceso a los expedientes judiciales, por inexperiencia de cómo trabajar con el Poder Judicial. Pasa que cuando te argumentan y no tenés elementos jurídicos es muy difícil contrarrestarlos y discutirle al funcionario. Sin embargo, hubo una funcionaria del Juzgado Penal que se solidarizó y me ayudó mucho con la causa.
Después, la negación de la justicia militar a la existencia de ciertos expedientes. Iba y me decían “tal expediente no existe”, y yo le respondía “sí, tal expediente existe porque lo dice en este libro”. Ellos creían que venía con datos de una versión de prensa o de la justicia civil. Sin embargo, yo me basaba en un libro de ellos, en el cual decía dónde estaban todos los expedientes. Entonces, mentían sobre sus propios libros.
Cuando cambió de gobierno solicitando los expedientes que supuestamente no existían aparecieron de golpe.
U- ¿Dependió de la voluntad política?
FM- En el caso de la justicia militar sí, porque ellos dependen del Ministerio de Defensa, y Yamandú Fau, que era el ministro anterior a Azucena Berruti, no fue un interlocutor que facilitara las cosas. Incluso, cuando yo le dije de la contradicción interna que pasaba en los juzgados militares, ni siquiera se dignó a contestarme. Entonces, con el cambio de autoridades mandé mails y un coronel ayudante de la ministra dio la orden. Con la orden apareció lo que me habían dicho que no existía. Entonces, sí, sin dudas hay elementos que son de voluntad política.
U- De aquel hecho periodístico se cuestiona, algunos a favor otros en contra, la actitud del periodista al publicar las actas ¿Cuál es tu opinión sobre el rol del periodista en ese caso y el carácter de primicia del hecho?
FM- Este es un ejemplo claro de primicia, porque había una. Pero la primicia no era el contenido de las actas. La primicia era quién quiso filtrar la información. Y los periodistas de ese momento que consideraban ese aspecto como la primicia no quisieron publicarlo o no los dejaron o no era el contexto. No voy a juzgar a colegas, pero no lo hicieron. Sin embargo, sí tenían claro que la primicia era la infidencia y no las actas. Entonces, en este caso no era cuestión de ética, sino que estaba siendo, hablando mal y pronto, un pelotudo que estaba siendo utilizado por los hilos del poder para fines que nada tenían que ver ni con el periodismo, ni con la opinión pública, ni con la investigación. Sino que lo único que hacía era entorpecer la investigación.
U- Tu libro lleva por nombre Sabotaje a la verdad y uno, quizá, se queda con la idea que fue un hecho que pasó hace treinta años atrás y que ya no pasa más. ¿Creés que este tipo de mecanismos en las investigaciones actuales sigue funcionando?
FM- Creo que sí. Más claro que los informes que las Fuerzas Armadas le entregaron al Presidente de la República, los cuales muchos eran un compendio de mentiras que daban vergüenza. Creo que es claro que hay un sabotaje a la verdad. No sé cuáles son los mecanismos para que salga la verdad, pero sin dudas hay expedientes que hay que abrir y para ello se necesita gente metiéndose en los archivos e investigando.
U-¿Existe en Uruguay investigación periodística?
FM- Creo que sí, que existe. De repente en cosas más chicas, por ejemplo, en el suplemento Qué pasa de El País hay mucha investigación. No se hubiera sabido lo que pasaba en Bella Unión en las Láminas si no hubiera sido por una investigación de ellos. Pero si vos en un diario a un tipo le exigís –si bien es su trabajo- que tenga para el otro día, todos los días, una nota, y en un semanario, un informe semanal, es difícil que ese tipo se dedique a otra cosa; es imposible.
U- ¿Qué se necesita para poder realizar un trabajo de investigación?
FM- Se necesita un equipo comprometido, con un background, medianamente aceptable, y alguien que les pague por investigar. Un ejemplo claro es el de Roger Rodríguez que trabaja en La República, pero que, además, labura seis horas en la Intendencia. No podés tener a un tipo así de administrativo, y no porque sea un trabajo desmerecedor, sino al contrario es desperdiciar recursos. Acá vino Alberto Bueno, un tipo que trabajaba en el Batallón 13 y que tenía información buena y empezó a sufrir persecución sindical. No hay nadie del sistema político-empresarial que le dé trabajo y me lo encontré en un carrito recogiendo cartones, muerto de miedo queriendo mudarse porque está amenazado. Eso pasa ahora en democracia. La información no paga tan solo porque no te da dinero, sino porque te pueden desarticular toda tu vida y nadie se hace cargo. 
En carpeta
“Me presenté al FONA con dos casos de investigación en formato documental. La idea es llevar a la pantalla los casos de investigación, haciéndolos atractivos e intentando llegar a un público que no accede a libros de investigación.También tengo otro proyecto en el interior del país, que ahí está todo por hacer, pero es más complicado. Los localismos son complicadísimos. Pero ya estuve husmeando.”
|

Llamada desde la cárcel

Me pasó de militares que me llamaron de la cárcel para pedirme que les escribiera un libro. Y yo les dije “si quiere que lo escriba deme la información y yo veo, y sino escríbalo usted”. Pasa que quieren dar información a cambio de algo, y yo no doy nada a cambio. También me pasó que muchos de los militares que aparecen en el libro, en especial los que aparecen como fuentes anónimas, me llamaron para decirme que podían discrepar, pero que daban fe que el trabajo había sido realizado en forma seria y que no había intencionalidad. Y así fue como lo planteé. Yo no vengo acá a hundir a nadie, ni a rescatar a nadie, lo que hay es lo que hay. Siempre hay un viso de subjetividad, porque desde que entrevistás a uno y no a otro o rescatás del discurso tal u otra cosa, hay subjetividad; pero la subjetividad no es una mala palabra, de hecho no hay objetividad y es una utopía al santo botón. Sí, ser honesto y veraz, y poder dormir tranquilo con lo que escribió. Si hago un libro lo haré chequeando la información como corresponde. Por eso es que estoy dejando en paños fríos la investigación, porque se comenzó a enturbiar la cosa y prefiero continuar, pero despacio; además, porque hay todo un tema de financiación y de los tiempos que uno necesita.
Melgar, ¿quién es Melgar?
En uno de los juzgados, después de estar yendo casi todos los días durante dos meses a pedir un expediente, pasó una cosa bastante graciosa. Un juez salió y dijo “Melgar, ¿quién es Melgar?” y me dio el expediente, entonces yo le dije “le saco copia” y él me dijo “no, no, no. Ahora se lo lleva para su casa, tanto molestó, ahora hágase cargo”. Entonces, agarré el expediente y lo llevé a la casa de mi tutor, y él me dijo “qué hacés con ese expediente acá, estás loca” y yo le dije “a mí me el juez me dijo que me lo llevara”. Fue muy gracioso porque después hubo una serie de percances, pero, finalmente, el expediente fue devuelto en perfectas condiciones y en tiempo y forma.
En Uruguay está trancada la Ley de Habeas Data de acceso a la información pública. Pero uno tiene el derecho garantido internacionalmente de acceso a la información, y comprobé que la perseverancia paga.
|
| Por comentarios o preguntas sobre este artículo escribir a:
|
|